¿A quién se divulga la ciencia en internet?

Imagen de Mr Lightman / FreeDigitalPhotos.net

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Anteayer, bajo el título “La ciencia naufraga en la red”, Esmateria recogía las conclusiones del artículo de Science “Science, New Media and the Public” (de pago, por lo que no he podido leerlo) en el que se plantea que la ciencia no está consiguiendo alcanzar al “gran público” en internet. Según Esmateria, Science apunta al elitismo, la endogamia, el declive del periodismo y el desconocimiento de las redes sociales como causas de esta incapacidad de la ciencia para interesar al ciudadano común.

El artículo español ha tenido un impacto significativo, pero ¿y si las propias noticias de esta web nos estuvieran dando una pista de hacia dónde puede ir la ciencia? Si las noticias que giran en torno a cuestiones puramente científicas reciben en torno a las 50/80 reacciones, éstas se disparan ante ciertos temas. ¿Se pueden extraer patrones?

De las 21 noticias listadas (ver anexo al final de esta entrada), más de la mitad (11) tratan sobre la propia ciencia, particularmente la sangrante situación que está viviendo en España, por lo que no serían relevantes para saber qué le gusta al público. De las otras 10 noticias restantes, 7 llevan un germen de polémica (el ser humano como comedor de carne o la “chapuza” del Valle de los Caídos), un componente humano que apela a algo más que a nuestro interés por la ciencia (el fotógrafo español favorito de la NASA), una mezcla de los dos anteriores (los españoles tenemos más rarezas genéticas que otros europeos y los hombres son más deshonestos que las mujeres) o los criterios periodísticos de novedad, actualidad y noticiabilidad que también dio réditos a los diarios generalistas en aquella fecha (el ‘Curiosity’ y el agua de Marte).

Hay que distinguir entre la ciencia de los medios de comunicación, la de las instituciones y la que publican a título más o menos personal los propios científicos en sus blogs de divulgación. En este último caso, al menos en España, precisamente estos días vemos sus listas de “posts más vistos en 2012”. Considero que habría que introducir la forma verbal “se están viendo” en lugar de “se han visto”. ¿Por qué hacer esta labor solamente una vez al año? Y cuando lo hacen, ¿reflexionan sobre ello o se limitan a dejar los enlaces a los posts? A los divulgadores vía blog les sería muy útil hacer este ejercicio periódicamente y, además, extraer conclusiones sobre los motivos de su éxito y viralidad. Plantear de vez en cuando una encuesta dirigida a ese “gran público” que les lee y que por lo general (y seguramente más en las webs de este tipo) pasa silenciosamente, podría ayudar a entender si encuentra los contenidos difíciles de seguir o comprender en función de su nivel educativo. Es decir, ¿ante quién están divulgando realmente los blogs de divulgación?

La divulgación científica tiene grados, pero ¿está la “blogosfera” (a falta de palabra mejor) ocupándose de todos ellos? ¿Se están escogiendo los contenidos “correctos”? ¿No parecen estar algunos especializados en mostrar a sus propios colegas lo bien que saben escribir sobre conceptos abtrusos? ¿No sería tal vez necesario alternar estos contenidos con otros más básicos? Y ¿qué enfoque escoger en este caso? ¿Reflexivo o por asociación?

En marketing online se repite sin descanso que “el contenido es el rey”. Pues bien, la palabra engagement (involucración) es la reina y hoy en día se cree que uno lleva a la otra. ¿Está la ciencia capacitada para involucrar al ciudadano considerado “común”? El componente social es clave y, como hemos visto con las reacciones de ciertos temas tratados por Esmateria, en ciencia parece que va ligado a cierto grado de controversia. ¿Por qué es así? ¿Se puede evitar? Pero, ¿es necesario evitarlo? ¿Se puede buscar una controversia sana? Y cuando no hay controversia, ¿cómo hay que calificar al hecho de que el “gran público” no opine ni debata? ¿Es natural o preocupante?

Más preguntas que respuestas. Sabemos que gracias a internet hay más exposición y visibilidad que nunca. Por la publicidad y la propaganda sabemos que una exposición continuada a los contenidos ayuda a su introducción en la mente del receptor. Y por los artículos reseñados sabemos que el “gran público” acude a internet para informarse sobre ciencia. Quizás faltan (¿es así?) estudios que le pregunten si en sus indagaciones encuentra lo que busca y dónde (¿en voces autorizadas?). Estos estudios podrían servir de orientación a los científicos de todas las disciplinas si, además, incluyeran análisis de las cuestiones y los enfoques que le resultan más y menos comprensibles, más y menos interesantes. Ello no implica olvidar la divulgación de los temas que menos interesen y sí, en cambio, podría ser una buena manera de empezar a afinar y acertar. Porque se supone que la divulgación científica está orientada al ciudadano pero, al margen de medir visitas, comentarios, reacciones, retuits y “me gustas”, ¿se le ha preguntado ya directamente?

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Interesantes comentarios en:

Anexo

Noticias con más reacciones de la sección “Ciencia” de Esmateria (datos a fecha 5 de enero de 2013):

  • “El Gobierno homenajea a científicos que despide o deja sin dinero” (12/12/12): 7 comentarios y 1092 reacciones
  • “La ciencia española convoca concentraciones por todo el país el 19 de diciembre contra los recortes” (05/12/2012): 10 comentarios y 372 reacciones
  • “Un descomunal agujero negro rompe las reglas del cosmos” (28/11/12): 8 comentarios y 286 reacciones
  • “El fotógrafo español favorito de la NASA” (15/12/12): 6 comentarios y 281 reacciones
  • “Cinco motivos que dio la ciencia española en 2012 para salvarse de las tijeras” (18/12/12): 254 reacciones
  • “La ciencia naufraga en la red” (03/01/2013): 2 comentarios y 251 reacciones
  • “¿Adiós a la ciencia española?” (13/11/12): 5 comentarios y 233 reacciones
  • “Los españoles tienen más rarezas genéticas que otros europeos” (31/10/12): 25 comentarios y 171 reacciones
  • “Centenares de científicos salen a la calle en toda España contra los recortes” (19/12/12): 128 reacciones
  • “El ‘Curiosity’ encuentra agua en Marte” (03/12/12): 118 reacciones
  • “Dos monos con un chip en el cerebro dominan un videojuego con la mente” (18/11/12): 7 comentarios y 116 reacciones
  • “La ciencia intenta ganar dinero sin especular” (08/11/12): 5 comentarios y 114 reacciones
  • “«¡Cuánto nos cuesta movernos a los científicos!»”(06/11/12): 112 reacciones
  • “«Invitamos a los investigadores españoles a que vengan a Brasil»” (21/12/12): 111 reacciones
  • “Los hombres son más deshonestos que las mujeres” (26/11/12): 110 reacciones
  • “La Tierra posa para la NASA” (01/12/12): 110 reacciones

A partir de cierta fecha, los artículos dejan de tener reacciones (¿quizás por algún cambio en el sistema de la web?) y solo recogen comentarios. Los más comentados fueron:

  • “«Comer carne nos hizo humanos»” (03/10/12): 46 comentarios
  • “Las esculturas del Valle de los Caídos se desmoronan por las chapuzas de su autor” (19/10/12): 39 comentarios
  • “El homínido que se extinguió por ser solo vegetariano” (08/08/12): 37 comentarios y 2 reacciones
  • “El fútbol golea a la ciencia en presupuesto” (02/07/12): 27 comentarios
  • “El CSIC anuncia que paraliza pagos para poder abonar los sueldos” (17/07/12): 24 comentarios
  • “Los recortes amenazan un proyecto que compite por el premio Nobel” (03/07/12): 22 comentarios

5 pensamientos en “¿A quién se divulga la ciencia en internet?

  1. No sé si felicitar a los redactores de En la mar serena por esta entrada –lúcida y clara– o entristecerme más aún al comprobar, con los datos que nos brindan, que Internet no sólo no invalida la sentencia del Eclesiastés (I, 15) sino que la confirma: stultorum infinitus est numerus. La Red multiplica de manera prodigiosa el número de palabras –sabias o necias– presentes en cada momento. Como de entrada hay muchas más estupideces que otra cosa, la balanza siempre se inclinará a favor de los tontos y sus opiniones.

    Pero, sobre todo, gracias por no formar parte de esa mayoría. Nunca he leído nada que me pareciera tonto en esta página.

  2. Muchas gracias por el comentario, Tamarón. En cuestiones científicas se propagan muchas cosas sabias en internet. Lo necio no termina de ser científico sino pseudo-científico, y hace falta tomar la tarea (que no he mencionado en el texto pero que aparece en el artículo de Science) de conseguir que las voces autorizadas pesen más en internet que los “pseudos-“. Parece difícil, pero seguro que cosas más difíciles se han hecho.

    En cuanto a lo sabio que se propaga, personalmente echo en falta ese ejercicio de autoevaluación. Al menos en los blogs que yo sigo, que con suerte no serán muestra representativa de ningún universo.

  3. Mi primera sensación ante estos datos es de tristeza. Tristeza por lo fácilmente que las personas (el gran público) se decanta por lo más básico y tristeza por el mal uso de una herramienta tan poderosa como Internet.
    Pero creo que quedarse en esa primera sensación supondría caer en la misma actitud que critica el artículo, hace falta un pasito más. En primer lugar, el universo

    • (sigo…)
      En primer lugar, no creo que esto deba ser una cuestión de volumen. La información tiene de forma natural una forma piramidal, con muchos contenidos poco relevantes en la base y pocos contenidos muy relevantes en la cúspide. Querer dar la vuelta a esto no creo que sea viable…
      En segundo lugar, tampoco creo que se deba demonizar a los contenidos ligeros en la medida en que son lugares comunes que sirven de vehículos de socialización y son importantes como tales. No me veo hablando de los avances en el ADN durante el desayuno de la oficina…
      En tercer lugar está el incentivo en participar. Los contenidos ligeros incentivan las respuestas (que se vea la fuerza de los seguidores del Bisbal!), pero… Qué voy a responder a un artículo de National Geographic?
      Por último no se pueden comparar los universos de lectores. Cualquiera puede leer una crónica de fútbol… Pero lamentablemente no todos pueden entender y valorar un artículo de astronomía. También está aquí la dispersión de contenidos… Hay mil ramas de la ciencia y leer un artículo lleva un buen rato… En cambio sólo hay cuatro o cinco lugares comunes que acaparan la gran masa de la participación en Internet… Y son contenidos que sólo requieren unos minutos…
      En conclusión, quiero ser positivo y me quedo con que la cantidad de contenidos de calidad al alcance de un click es brutal… Y seguiré leyendo todo lo que pueda, una parte ínfima…
      Perdón por el ‘ladrillo’…

      • De ladrillo nada Juanma, has ofrecido puntos muy interesantes y bien estructurados.

        La cuestión del volumen me parece preocupante en el sentido de que los lectores no tienen herramientas para discriminar contenidos y no saben distinguir los poco relevantes de los relevantes. Si los primeros son más abundantes, es fácil que se queden con ellos porque son los que más posibilidades tienen de aparecer en primer lugar en las búsquedas en internet. Lo comentaba en la interesante discusión que se abrió en el grupo de LinkedIn de Periodismo Científico cuando difundí esta entrada: creo que uno de los principales problemas es que el público en general no ha adquirido habilidades sólidas para saber cómo poner a prueba cualquier información que encuentran en internet. A mí, por lo menos, no me han facilitado esas herramientas ni en el colegio, ni en el instituto, ni en la universidad, y estoy buscándome la vida por otras vías. El ejercicio del pensamiento crítico no es muy habitual, pero no solo por evitar el esfuerzo, como a veces se puede pensar, sino porque no se ha habituado a la gente a ello.

        En tu segundo punto estoy muy de acuerdo. Aquí creo que los científicos deberían transigir un poco y trabajar con los comunicadores y los periodistas para encontrar puntos en común. ¿De dónde viene la palabra “divulgar”, si no?

        En tu tercer y cuarto puntos también estoy de acuerdo. Siempre podremos tener una opinión sobre cuestiones sociales o políticas porque es el mundo en el que nos movemos, pero ¿qué podemos aportar en las cuestiones científicas? Ahí somos sujetos pasivos. Quien está dando la información, los datos, se ve obligado a adoptar un carácter docente, lo que lo sitúa un poco por encima del público. Así, será difícil que la interacción pase de un intercambio tipo “profesor/alumno”.

        ¡Gracias Juanma!

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