Resolviendo la anomalía Pioneer

sonda PioneerEl enigma de la anomalía Pioneer, que trae de cabeza a los físicos desde hace 20 años, podría estar a punto de resolverse.

Esta anomalía consiste en que la aceleración de las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11 (lanzadas en 1972 y en 1973) se ha desviado sensiblemente de las previsiones desde que, en su viaje hacia los confines del Sistema Solar, rebasó las 20 ua (es decir, los 3 mil millones de kilómetros de distancia). De hecho, su velocidad ha sufrido una desaceleración y los análisis muestran un corrimiento al rojo (característico de los objetos astronómicos distantes que se alejan de la Tierra) inferior a lo esperado.

Desde que se recibieron, estos intrigantes datos han generado numerosas teorías que despliegan todo un abanico de posibles agentes, desde los más “mundanos” hasta otros más complejos que podrían conducir a una revisión de nuestros actuales conocimientos sobre la gravitación:

  • Errores de observación o de cálculo
  • Influencia gravitacional del cinturón de Kuiper, de la materia oscura o de otras dimensiones
  • Resistencia provocada por el viento solar, el polvo estelar o la radiación cósmica
  • Una radiación térmica asimétrica de las propias sondas
  • Escapes de gas de sus generadores termoeléctricos de radioisótopos o RTG (los motores de las sondas)
  • Anomalías en la gravedad o en la inercia (una prueba de que la dinámica newtoniana modificada podría ser correcta)
  • Efectos cósmicos debidos a la rotación del Universo

Pues bien, el equipo de científicos que ha estado trabajando con los datos recuperados de las Pioneer desde 2007 creen haber llegado a una solución. El misterioso efecto no es constante en el tiempo (al contrario de lo que se creyó a partir de las primeras observaciones), por lo que podría deberse más a algún motivo interno de las sondas que a un agente externo.

En un paper que será publicado por Physical Review Letters y que ya puede consultarse en Arxiv (http://arxiv.org/abs/1107.2886), se apunta como causa más probable al calor, tanto el irradiado por las fuentes de energía de las sondas como el desprendido por sus instrumentos. De hecho, la anomalía Pioneer ha ido debilitándose con el paso del tiempo, lo que coincide con el agotamiento de las fuentes de calor de las naves.

Cada una de las dos sondas tiene una enorme antena parabólica en su parte trasera, gracias a las cuales pudieron comunicarse con la Tierra hasta que la distancia fue demasiado grande. Los datos telemétricos recuperados indican que el calor generado por los RTG que impulsaban a las Pioneer se reflejaba en la parte trasera de las antenas y, en cierta forma, “empujaba” las sondas hacia el sol.

Por otro lado, también influía el calor desprendido por los instrumentos del interior de las naves. A través de unas trampillas que podían ser abiertas o cerradas a conveniencia, este calor salía en la misma dirección e intensificaba la reducción de la velocidad.

Está por verse que esta solución sea aceptada de forma general por la comunidad científica pero, por el momento, parece que el fenómeno no conducirá a la formulación de una nueva física.

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