Entrevista a David Barrado: «España necesita una inversión extraordinaria en educación e investigación»

David BarradoDavid Barrado y Navascués (1968), astrofísico asignado al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) por el Ministerio de Ciencia e Innovación, terminó su doctorado en Harvard y hasta la fecha cuenta con más de 100 publicaciones científicas (y más de 3.000 citas, arrojando un factor h de 34(1)). Ha utilizado observatorios de todo el mundo, participa de forma activa en los proyectos astronómicos más relevantes del momento y tiene una pasión: divulgar una ciencia que le conquistó a los 14 años.

Hablamos con él con motivo de la edición de 2010 de la Noche de los Investigadores (que este año se celebra el próximo 23 de septiembre), donde participó en la actividad “La esquina europea: ser un científico en Europa, 27 experiencias”.

Ha sido el responsable del Laboratorio de Astrofísica Estelar y Exoplanetas del Centro de Astrobiología de INTA-CSIC, al que sigue vinculado, y ahora es director del Centro Astronómico Hispano Alemán (CAHA), conocido como Observatorio de Calar Alto. ¿En qué consiste su labor en estos organismos?

Mi equipo de investigación está en Villafranca del Castillo, que pertenece al Centro de Astrobiología. Allí tengo un equipo de cuatro estudiantes de doctorado y varios postdocs, y es el núcleo de la ciencia que hago. Es un ambiente muy rico, porque Villafranca del Castillo es la localización del Centro de Astronomía de la Agencia Espacial Europea. La parte española es pequeña, pero es un complejo muy grande con mucho movimiento, donde se controlan desde el punto de vista científico gran parte de las misiones de la Agencia Espacial Europea. Pero somos parte del Centro de Astrobiología, que pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y a INTA. Fui el jefe del laboratorio durante dos años, ahora sólo me dedico a hacer ciencia, pero otro de mis papeles dentro del INTA es la gestión de uno de los instrumentos para el próximo telescopio espacial, el James Webb, que va a contar con cuatro instrumentos y uno de ellos es una colaboración europea muy importante con los americanos, un socio bastante complicado. Diferentes institutos han aceptado diferentes piezas, y en INTA hemos hecho una bancada de pruebas que no va a volar: es un simulador del telescopio, para saber si el instrumento funciona correctamente con esa pieza. Nos ha llevado siete años de trabajo.

En cuanto al CAHA, llevo seis meses como director. La labor principal es la implementación de la política de ambos socios (el CAHA depende del Max-Planck-Institut alemán y del CSIC, socios al 50%). Gestiono el día a día del observatorio y la negociación entre ambos socios para que todo vaya bien; ahora por ejemplo tenemos que renovar el acuerdo por otros cinco años. Se trata de hacer un poco de interfaz entre ambos socios y con los astrónomos que van a tomar datos al propio observatorio, garantizar que esos datos se toman de la mejor manera posible y se gestionan de la forma adecuada.

¿Por qué dice que EE.UU. es un socio complicado?

No EE.UU., sino todo el consorcio europeo-americano, porque cada país tiene su propia idiosincrasia, su forma de trabajar, sus plazos, las administraciones públicas también son lentas a la hora de gestionar proyectos,… es muy difícil acompasar todo esto. Trabajar con un socio mayoritario que tiene otra filosofía, otras prioridades, otra actitud mucho más ágil en principio… Es enriquecedor por una parte, pero también tiene sus problemas de gestión.

Ha cumplido el sueño de su infancia de ser astrofísico. ¿Lo tenía claro desde el principio?

Tuve que decidirme entre dos vertientes: la astrofísica y la arqueología. Las razones que me hicieron derivar hacia la astrofísica fueron varias: “Cosmos” influyó, una serie de los años 80 con Carl Sagan, también el racionalismo francés, que empecé a leer muy temprano… la idea que yo tenía de la astrofísica, que luego no es tan real, es la de una construcción mental muy lógica, y a mí eso me fascinaba, no sólo la astrofísica sino la visión física del mundo: entender el mundo a través de la ciencia. Era un puzzle donde todo encajaba perfectamente, y creo que eso es maravilloso para un adolescente, cuando tienes muchos problemas de identidad y necesidad de comprender el mundo. A lo mejor fue una visión un poco más práctica que la de la arqueología: a principios de los 80 se veía más movimiento, más expectativas, cómo se empezaba a invertir y a impulsar la ciencia. Que aún así seguimos el mismo discurso, han cambiado las cosas pero todavía nos queda un largo camino por recorrer.

Su carrera le ha llevado a EE.UU., Alemania y Francia, pero ha decidido quedarse en España.

Hay muchos factores que influyen. El principal es que yo pensaba volver a EE.UU. pero me marché a Alemania porque era fulbright, y a los fulbright se les impone una restricción sobre la estancia.

¿Fulbright?

Es un programa bilateral entre el gobierno de EE.UU. y otros gobiernos para fomentar la comunicación científico-técnica y humanística en diferentes campos agrupados bajo este nombre. Fulbright fue un senador americano de los años 50 que después de la II Guerra Mundial intentó evitar la aparición de nuevos conflictos a través de un programa de intercambio cultural internacional.

Los dos últimos años que estuve allí, los dos primeros como postdoc, fui como fulbright. La restricción es que después de esos dos años tienes que marcharte y pasar otros dos fuera, ya que quedarse en EE.UU. no es el objetivo de los fulbright. Además, sabía que EE.UU. sólo podía vivir en ciertas ciudades. La sociedad americana es muy buena si puedes aportar algo único, si no es muy difícil aprovechar todo el potencial que tiene, porque la sociedad va a exprimir al mejor, te da los medios para esa explotación que también a ellos les interesa que se desarrolle al máximo, y eso no sucede en España ni en otros países europeos. Es una forma distinta de entender la interacción social.

Tampoco es un lugar adecuado para tener familia. Es una sociedad bastante más dura en las relaciones sociales. Y estaba en Harvard, un mundo muy competitivo donde es muy difícil quedarse por la propia dinámica de los centros de investigación.

Divulgación con acento español 

¿Con qué aficiones contrarresta las exigencias “cerebrales” de la ciencia?

Escribo mucho, poesía entre otras cosas, y hago mucha divulgación. Tengo un blog en la web de Madri+D, “Cuaderno de bitácora estelar”, que sacamos hace 2 ó 3 años como libro. Estoy a punto de sacar un libro de divulgación que me gusta bastante, tiene mucha imagen y poca palabra, utilizando imágenes de satélite. Se llama “Visiones de Gaia” y la idea surgió de esas secuencias de imágenes que se llaman potencias de 10 y van de lo más pequeño hasta las escalas macroscópicas, aplicadas únicamente a la Tierra basándome en imágenes reales y con una parte de simulación al final. Mezcla ecología, astronomía y desarrollo.

Tuve otro blog el año pasado con motivo del Año Internacional de Astronomía, “Cosmic Diary”, donde se invitó a veinticuatro científicos de todo el mundo a explicar lo que hacemos. Ha salido publicado en un libro, Postcards from the Universe.

¿Cuál es la respuesta de los visitantes de los blogs?

El “Cuaderno de bitácora estelar” fue impresionante, me di cuenta del potencial que tiene esta nueva herramienta. Si tecleabas alguna cuestión de astronomía o astrofísica, algunas de las entradas aparecían entre las diez primeras búsquedas de Google, en castellano e incluso en inglés. Yo, por ejemplo, tuve una muy especulativa sobre agujeros negros que se convirtió en la primera; un amigo mío, físico teórico, me advirtió de que quizás, desde el punto de vista no del astrónomo sino del físico, lo que decía no era exacto del todo. Me compré 5 ó 6 libros sobre agujeros negros para ver si era cierto, pero no tenía tiempo para comprobarlo y preferí quitar el artículo [ríe]. El problema de la blogosfera es que todo el mundo puede escribir, y el posicionamiento que adquieras no depende de la calidad de lo que estás escribiendo. A veces, la calidad se ve sepultada por los enlaces. Hay muchos trucos en ese mundo y el rigor, fundamental para un científico, se ve relegado a un segundo plano. Por eso preferí quitar el artículo al no estar seguro de su precisión. Fue un blog muy leído, del orden de 2.000 entradas diarias, con picos muy importantes en algún momento puntual, por ejemplo un eclipse total de sol o cuando alguna misión espacial llegaba a Marte… Creo que “Cosmic Diary” no tuvo el mismo impacto.

También ha formado parte de un equipo de guías científicos que organiza expediciones a Islandia y Groenlandia.

 Se trata de un tipo de turismo diferente, otra manera de ver la naturaleza y el mundo. Groenlandia es un país maravilloso, les llevábamos a hacer trekking y les dábamos la posibilidad, no sólo de disfrutar de un acontecimiento natural como son las auroras boreales, sino de que la experimentaran desde el punto de vista de la ciencia, con explicaciones in situ de qué significan. También hablábamos de astronomía, de física… son 10 días que estábamos con el grupo conviviendo, te da tiempo para hablar de muchas cosas.

En 2008 participó de forma activa en el seguimiento de una supernova. Era algo que tenía como objetivo.

Sí, ha sido una supernova extragaláctica y, como todas, de casualidad. Yo estaba observando con un colega en la costa oeste de EE.UU., y nos llamaron. Fue una campaña multisite, desde muchos observatorios, porque es un evento que ocurre sólo una vez en una estrella y tiene un periodo muy concreto, así que es importante observarla cuanto antes. La particularidad que tuvo ésa fue que hacía poco se había producido otra en la misma galaxia que estaban monitorizando en ese momento y empezamos a verla casi desde el principio.

Apareció casi ante los ojos de los científicos.

Sí, estaban mirando hacia un sitio y de pronto apareció allí. Fue una particularidad de esta supernova. Es toda una experiencia haber participado en ello.

Los logros científicos no son procesos individuales, sino una labor de equipo. ¿Se “resignan” los científicos a no tener un logro enteramente propio?

No, no es así. Toda la ciencia se construye, como la civilización, sobre lo que han hecho los demás a diferentes niveles. La aportación individual a cada aspecto concreto puede ser más o menos relevante o individualizada, dependiendo del campo de actuación. En el caso de la ciencia, un equipo muy pequeño, incluso una persona, puede hacer un avance muy importante, por ejemplo el descubrimiento del primer planeta extrasolar por Michel Mayor y Didier Queloz en el año 95. Michel Mayor estaba haciendo velocidades radiales para otros, se empeñó en localizar planetas con su estudiante y lo consiguió, aunque había otros equipos. Otros descubrimientos, por su propia naturaleza, requieren la intervención de muchísima gente. Sería imposible, 2 ó 3 personas solas no pueden hacer una multi-campaña de este tipo. Depende de qué se trate. Yo también he hecho mis pequeñas aportaciones a nivel individual, y cosas más colaborativas.

A nivel individual, por ejemplo, el descubrimiento de la primera enana marrón, que fue de un equipo español. Y luego empecé a trabajar en enanas marrones, que son estrellas de muy baja masa, para aplicar, entre otras técnicas, una con la que yo trabajaba bastante, la datación estelar de enanas marrones con la técnica del litio. La idea fue de un astrónomo español, Rafael Rebolo, pero nosotros lo aplicamos a varios cúmulos, y lo que vimos fue que las escalas de las edades de las estrellas, con esa técnica, no coinciden con lo que nos dan nuestros modelos, hay una diferencia sustancial. Hay ahí un problema que no entendemos: este elemento químico, que en estrellas aisladas destruye a una velocidad conocida y por eso podemos utilizarlo para hacer cronología, en estrellas binarias muy próximas no es válido. Pude demostrar que no valía para estrellas binarias.

También he trabajado mucho en función inicial de masa. Se trata de un censo estelar de cúmulos estelares: es importante saber cuántas estrellas se forman a la vez para cada valor de masa particular. Las estrellas se forman en conjunto, como en partos múltiples, y cuanto menos masiva sea la estrella mayor número de mellizos nacen: decenas, cientos o miles. Mis estudios en ese ámbito son bastante significativos.

La ciencia, fuente de bienestar 

¿Cree que alguna vez cambiará la percepción de la sociedad y de las instituciones españolas sobre la necesidad de la investigación?

Ha cambiado muchísimo. La sociedad española lo ha hecho en los últimos muy pocos años, pero la Administración española hace tiempo que ha mejorado mucho, sobre todo últimamente. Aún es insuficiente, y ahora se están dando pasos atrás por la circunstancia económica. Pero la crisis económica no es justificación, porque tenemos sociedades a nuestro alrededor que siempre ponemos como referencia, donde se está haciendo lo contrario que nosotros: restringen el gasto en otros asuntos pero nunca en ciencia, se fomenta más la ciencia porque todo el mundo tiene claro que es una fuente de competitividad y bienestar. España no es competitiva, y la formación educativa española, digan lo que digan, es deficiente. España necesita una inversión extraordinaria en educación e investigación. O lo pagamos ahora en inversión, o lo pagaremos en el futuro.

Emilio Alfaro, presidente de la SEA, decía que «España, desde el punto de vista de la astronomía, se ha convertido en un polo de atracción, de prestigio y confianza». ¿A qué factores se debe esto, si es cierto que España no es competitiva?

En astronomía sí somos competitivos. En cierto sentido hemos tenido suerte, porque tenemos sitios con una calidad del cielo excepcional de la que carecen otros países europeos. En los años 70 y 80, diferentes países europeos invirtieron en instalaciones científicas aquí, y nosotros nos hemos beneficiado: son infraestructuras que no han requerido inversión por nuestra parte y que nos daban libremente. Por eso se ha desarrollado la astronomía, y ha habido otros factores: ciertos científicos españoles que estaban en esa posición de responsabilidad, como Francisco Sánchez en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que aprovecha esa oportunidad para, en ese caso, hacer un gran instituto como el IAC, que ha sido un propulsor de la astronomía en España. Se ha formado también el Instituto de Astrofísica de Andalucía para apoyar, al principio menos pero ahora más íntimamente, a Calar Alto, y ha habido una explosión de departamentos de astronomía en las universidades españolas.

Entonces, nos hemos beneficiado de una infraestructura gratuita, que por cierto ya se va a acabar, porque la estructura de las colaboraciones es diferente, España ya aporta dinero, hemos construido un gran telescopio en Canarias, Calar Alto ya es paritario al 50% (antes era un 10%) incluso en aportación económica, así que seguimos sin ser un país de primera línea como nos quieren hacer ver, pero no somos precisamente un país del Tercer Mundo. Hemos tenido esa suerte y hemos sabido aprovechar la oportunidad. Otros campos de la ciencia no la han tenido. España ahora mismo produce el 5% de todos los artículos científicos en astronomía, cuando nuestra contribución en otros campos apenas llega al 2%. Y no sólo es el volumen, sino que hay artículos de gran relevancia.

Como ha comentado, apuesta por la divulgación. Desde el mundo científico parece que está mal vista.

Ahora está cambiando la percepción, porque también empieza a haber ciertos recursos desde el Ministerio y otras entidades. En su carrera, a un científico la divulgación no le cuenta para nada. Lo que vale es la productividad científica, entre otras cosas. Si tengo un número limitado de horas y dedico una fracción de las mismas a hacer divulgación, no voy a ser tan competitivo como mi compañero de despacho que va a competir por el mismo puesto y que ha dedicado el 100% a la producción científica.

El siguiente desafío es ver, y a ser posible conseguir, la primera imagen directa de un planeta extrasolar tipo Tierra. ¿Se atrevería a aventurar una fecha próxima?

Es uno de los siguientes ideales de la astrofísica actual. Estoy en varias colaboraciones a diferentes niveles para conseguirlo, y tres de mis estudiantes se dedican a eso. No me atrevo a dar una fecha, y es que hay un factor de incertidumbre y de suerte en esto. Lo que quería realmente es tener una imagen de un planeta tipo terrestre alrededor de una estrella de tipo solar. Tecnológicamente no estamos preparados aún para obtenerla.

¿Descubrir un planeta tipo terrestre con métodos indirectos? Va a ocurrir durante esta década posiblemente, y probablemente dentro del próximo lustro. Pero probablemente no será alrededor de una estrella de tipo solar y las condiciones van a ser distintas. Nos hemos dado cuenta en estos quince años de búsquedas exoplanetarias que hay una fauna amplísima que no se había soñado. La naturaleza siempre nos sorprende. Por mucho que especulemos, no hay libro de ciencia-ficción sobre ambientes exoplanetarios que pueda acercarse a la amplia riqueza que existe en realidad.

Los fines acaban siendo caminos para hacer nuevos descubrimientos.

Es la “serendipidad”, que ha ocurrido en la ciencia, y en la astrofísica en particular, con mucha frecuencia. Pero también ocurre al contrario: Galileo vio los anillos de Saturno y sin embargo no los identificó como tal, pensaba que eran dos lunas. Y vio Urano, podría haber descubierto un planeta, pero pensó que era una estrella y le dio nombre de estrella. Es decir, ves una cosa y tu preconcepción no te deja ver la realidad.

La identificación de planetas tipo Tierra puede ocurrir en cualquier momento, se están aplicando técnicas… pero nuestra preconcepción de cómo debe ser el descubrimiento nos lo puede ocultar. O facilitar. Eso no se sabe con certeza.

__________

(1) El factor h es un índice que mide el rendimiento de la actividad científica de un investigador, en base al número de trabajos publicados y la frecuencia de citación. Se considera carrera exitosa la que obtiene un factor h de 20 en 20 años de trabajo. Factores a partir de 35 tras 20 años de trabajo sólo se dan entre los mejores científicos.

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