El zifio de Travers se deja ver por primera vez

El tema se está comentando ya en los periódicos españoles, pero yo he sabido de ello por Ed Yong, que ha escrito un buen artículo sobre dos ejemplares de zifio de Travers hallados en Nueva Zelanda. Lo traduzco a continuación:

Ilustración de un zifio de Travers

Durante casi 150 años, nadie había visto un zifio de Travers. Esto no quiere decir que el animal se hubiera extinguido… sino que nadie había visto nunca uno vivo. El primer indicio de su existencia se halló en 1872, cuando el geólogo escocés James Hector describió una peculiar mandíbula recogida en Pitt Island (Nueva Zelanda) un año antes. Con posterioridad, se hallarían dos mandíbulas parciales más: una en White Island (Nueva Zelanda) en 1950 y otra en la isla Robinson Crusoe (Chile) en 1986. Pero los ejemplares completos seguían siendo esquivos.

Y entonces, en diciembre de 2010, dos de ellas vararon en Opape Beach, Nueva Zelanda.

Un particular vio a las ballenas e informó al Departamento de Conservación local. Cuando los miembros del Departamento llegaron allí, ambos animales (una hembra de 5 metros y un macho de 3 metros y medio) habían fallecido. El equipo tomó medidas y muestras de tejido y los enterró en la playa.

Hasta entonces, todo entraba dentro de lo normal (por desgracia, los varamientos de ballenas son demasiado comunes en las playas neozelandesas) y todos creyeron que se trataba de zifios de Gray, que llegan a las playas con frecuencia. Pero su ADN contó una historia diferente. Kirsten Thompson, de la Universidad de Auckland, secuenció dos fragmentos de su genoma y los comparó con una biblioteca de muestras. Coincidían a la perfección con el zifio de Travers de Hector. Tras todo este tiempo, por fin sabemos cómo son estos animales.

El zifio de Travers (Mesoplodon traversii) es una de las 21 especies de zífidos (o ballenas picudas). Son animales enigmáticos. Se cree que se pasan la mayor parte del tiempo descendiendo a enormes profundidades en busca de comida, por lo que muy poca gente las ha visto. Nueva Zelanda es un buen sitio para intentarlo. Al menos 13 especies de zífidos habitan sus aguas y muchas de ellas terminan varando en las playas neozelandesas.

Diferenciar a estas criaturas no es tarea fácil. Son las sutiles variaciones en su tamaño, dientes, hocico y color las que ayudan a identificar a las especies. Por ejemplo, comparada con el zifio de Gray, con el que fue confundida en primer lugar, la hembra de zifio de Travers tenía una frente más prominente, vientre blanco, aletas oscuras, un parche de color oscuro en el ojo y un hocico gris también oscuro (paradójicamente, el hocico del zifio de Gray es blanco). Sin embargo el macho, más pequeño, era llamativamente similar a ejemplares jóvenes de otras ballenas picudas y sería realmente difícil distinguirlos en mar abierto, si fuéramos lo suficientemente afortunados para verlos.

Los biólogos marinos han ido abandonando progresivamente estas comparaciones “artesanas”, en favor de las pruebas genéticas. En 2002, la secuenciación de ADN confirmó que las tres piezas óseas existentes de zifio de Travers pertenecían todas a la misma especie. Ahora, ha identificado también a los dos ejemplares que vararon en Opape Beach.

El varamiento de cetáceos es un hecho lamentable, pero Nueva Zelanda ha sabido aprovechar la circunstancia. Ha desarrollado una política nacional de coordinación, donde ciudadanos anónimos llaman al Departamento de Conservación tras avistar una ballena varada; un equipo se desplaza hasta el lugar, intenta un rescate y toma muestras de tejido que se almacenan en un archivo central. Gracias a esta estrategia, el país dispone de 20 años de registros y de especímenes raros. El zifio de Travers se une a esa lista: los cuerpos de los dos ejemplares muertos han sido exhumados y sus esqueletos se conservan en el Museo Te Papa Tongarewa de Nueva Zelanda.

Con solo dos animales intactos vistos en los últimos 150 años, parece acertado decir que el zifio de Travers es una de las ballenas más raras del mundo, si no la más rara. Y si un varamiento es la única forma de poder verlas, quizás debamos estar agradecidos de que sean tan esquivas.

¿Siguen ahí fuera? ¿Eran estos individuos los últimos de su especie, quizás? Nadie lo sabe. “No estamos seguros de por qué es tan raro verlas”, dice Thompson. “Podría ser que vivan en las aguas más profundas del océano, lejos de tierra, donde no podemos verlas cuando fallecen, o puede que queden muy pocos ejemplares. Todavía no tenemos la respuesta”.

Distribución de los hallazgos de zifios de Travers

Referencia: Thompson, Baker, van Helden, Patel, Millar & Constantine. 2012. The world’s rarest whale. Current Biology http://dx.doi.org/10.1016/j.cub.2012.08.055

For 150 years, no one had ever seen a full spade-toothed whale. Then two wash up on a beach, Ed Yong

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